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Edificios acabarán con el agua en Guadalajara: experto

Podría sonar apocalíptico, pero la realidad de lo que vive la Zona Metropolitana de Guadalajara (ZMG) en materia de agua, se acerca cada vez más a una sequía total, de la que si bien no se tiene una fecha, lo cierto es que de seguir con el desperdicio, la no captación y la invasión inmobiliaria en terrenos acuíferos, podría dejarnos sin agua más pronto de lo que se piensa.

En entrevista para Personalísimo de Tráfico ZMG, el doctor investigador y urbanista, Arturo Glison Espíndola, especialista también en temas del agua, advierte que una de las estrategias que se deben realizar de manera inmediata, es saber cuánta agua le queda a la metrópoli. ¿Cómo saber el dato para tener una panorama de cuándo la ZMG se quedaría sin agua? La respuesta es contundente: crear el Sistema Automático de Monitoreo del Agua (SAMA).

Es mediante este sistema como se podría saber no solo cuánta agua le queda a la ciudad, sino también cuánta agua recibe y sobre esos datos, tener la claridad de dónde sí y dónde no se puede construir para no dañar los mantos acuíferos, que actualmente son aprovechados por el cartel inmobiliario omitiendo todo tipo de recomendaciones de los especialistas y asentando edificaciones, cubriéndose de concreto las zonas de absorción.

SAMA es un sistema de monitoreo que urge se haga y se implemente bajo políticas públicas por parte de las autoridades estatales, mismas que pese a datos científicos e investigaciones por parte de especialistas, han mostrado un total desinterés en materia hídrica, priorizando la urbanización desmedida antes que la preocupación de la escasez de agua en la metrópoli.

En la charla que Glison Espíndola sostuvo en Personalísimo el Tráfico ZMG, el investigador lamentó que abunden ejemplos de edificaciones, que se han hecho encima de zonas de absorción y mantos acuíferos que aún sobreviven o sobrevivían dentro de la ZMG. Las Villas Panamericanas, el proyecto inmobiliario de Iconia, así como las construcciones y fraccionamientos en la zona de Bosques de Santa Anita, son solo algunos de los ejemplos en donde se priorizó el negocio inmobiliario y de vivienda sobre la importancia de mantener las zonas de recarga naturalmente habilitadas, en espacios donde el subsuelo almacena grandes cantidades del vital líquido.

Captación, urgente para sobrevivir

Actualmente no hay políticas públicas que protejan las áreas naturales de absorción y recarga acuífera, ni tampoco se muestra voluntad política para crear el sistema de monitoreo propuesto por el investigador. ¿Qué le queda a la sociedad por hacer? Aquí también la respuesta es clara: comenzar con la cultura de la captación de agua, misma que podría iniciar desde un procedimiento sumamente sencillo y progresivamente avanzar para que el agua de lluvia pueda ser utilizada durante las temporadas de estiaje en viviendas de particulares e incluso en fincas de uso Industrial.

«Se puede comenzar desde el sistema más básico, que es almacenar el agua de lluvia y que ésta sea utilizada para el riego de las plantas o bien para echarle agua al baño, que sería lo básico para iniciar con la cultura de la captación. Se puede también comenzar a estudiar y a documentarse para hacer que estos sistemas evolucionen progresivamente y pueda incluso llegar a utilizarse el agua captada para el consumo humano, para bañarse u otras actividades que tengan que ver con el contacto de las personas y el agua captada», detalló Gleason Espíndola.

De acuerdo a la experiencia y estimaciones del investigador y urbanista, captar el agua de lluvia podría dar el abasto suficiente para sobrevivir durante los meses en los que del cielo no cae una sola gota.

Glison Espíndola lamentó que actualmente la infraestructura hidráulica de la ciudad no se esté pensando y diseñando para aprovechar el agua de lluvia. «Estamos hablando que entre los tres valles que se tienen en la ZMG, se reciben anualmente alrededor de 877 millones de metros cúbicos de agua, es decir, alrededor de 427 estadios Jalsico, ésa ea la dimensión. Lamentablemente, más de la mitad de esta agua, el 60 por ciento, se van al drenaje».

Trabajar de la mano academia y gobierno -concluye el especialista- podría permitir que como ocurre en otros países, llámese Berlín o Estados Unidos, por ejemplo, que sobre las zonas de recarga no se ponga un solo ladrillo ni una sola gota de concreto. Trabajar en conjunto para la creación de políticas públicas que tengan que ver con la captación y la no invasión de mantos acuíferos por parte de los carteles inmobiliarios, daría un futuro prometedor no solo a las generaciones presentes, sino también a las futuras.
A. Maciel

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